miércoles, 10 de enero de 2018

Tenía diecisiete años, vos tenías quince. Eras más chico que yo y sin embargo me cambiaste todo. La primera vez que realmente te vi , que no te pasé por encima con la mirada, fue el 5 de diciembre del 2011. En el mismo colegio que presenció tanto de nosotros (tengo la ilusión todavía que estos últimos años yo estuve en otro plano, y que voy a volver a aparecer en el colegio con vos, todavía siendo 2011, 2012, 2013).
La vida nos maltrató. Nos llevó hasta la cima, para después arrojarnos a lo más bajo, a lo peor que alguna vez pude haberme imaginado. Plasmé en mi cabeza la idea de separarnos para siempre, no vernos más (pero a futuro, encontrarnos casi en una casualidad remota, en alguna calle del centro). Jamás imaginé tu partida terrenal. No me entró en la cabeza y no me entra ahora. Nunca pude haber imaginado que una semana después de haberte visto por última vez y haberte abrazado, te estaría yendo a ver a tu nicho, al lugar al que llaman el eterno descanso. ¿Por qué fui despojada de todo? Me perdí para siempre cuando te perdí. Hoy, casi cuatro años después, no puedo creerlo. Sigo soñando, sigo teniendo pesadillas, sigo anhelando verte al despertar. Pero cuando abro los ojos no hay nada. No hay. El vacío me consume la mente y el corazón. Me  piden por favor que mire hacia adelante, que deje de vivir en el pasado. Las dos psicólogas también. Pero ellos no saben lo que es estar acá, mientras la persona que más quisiste en el mundo está alla - o no está -. Nos repetíamos el uno al otro "nos encontramos en el lugar y en el momento equivocado", casi como un preludio a la tragedia que yo ignoraba iba a ocurrir. No quiero creer que él siempre lo supo. Que todo iba a terminar de una manera fatal e irreversible.

martes, 14 de febrero de 2017

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Cada vez me cuesta más expresar cómo me siento. Estoy trabada de hace bastante. Incluso cuando me siento tan bien, me anulo. ¿Qué es lo que pasa en mí, que no me deja ser? ¿Qué es lo que tengo que lograr? ¿A dónde es que tengo que ir? ¿Hay algo que no estoy viendo?.
Entonces, simplemente, no pienso. Mis días transcurren en una nube completa de nada, vagando. Esperando algo (me desespera no saber qué es). Prácticamente no escribo. Abandoné todo lo que de forma rutinaria hacía, y me dedico a no hacer nada. A veces paso largos ratos mirando el techo, o un punto fijo. Sin pensar en nada más. La cabeza tan en blanco que me sorprende. Siento que no estoy viviendo. Me la paso en estado de suspenso.
 Todo luce tan lejos, ¡me duele!. Sin embargo, estoy mejor que ayer. El ayer fue cruel y despiadado, kármico, mas hoy estoy de pie (después de arrastrarme tantos años).
 Me pican todas las cicatrices del cuerpo. Ellas, y aunque algunas muy viejas, siguen curando. Como si mi cuerpo se encargara de hacer doble trabajo: enmendarme por fuera - enmendarme por dentro. Es ahí cuando empiezo a tirar de las cicatrizantes heridas. Vuelvo a tirar de la piel generada, hasta que la sangre vuelve a brotar. Por dentro, se siente igual. Cuando estoy bien, las heridas se vuelven a destapar. Lo siento. Me quema. Me deshace. Para volverse a generar.

lunes, 8 de agosto de 2016

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Me abrazo a mi misma en un acto hipócrita, pero instantáneo. Y nunca quiero estar acá. Las cosas cambian, el tiempo es el ladrón de todo lo que hay. Me estreso de sólo abrir los ojos en la mañana y toparme con el existir. No quiero pensar que la vida es sólo esto y esto sólo será por lo que quede. No dejo de preguntarme qué mas hay, a dónde debo ir, en dónde puedo gritar, (¡gritar que no puedo más!). Siento doler. Siento un poco el vacío. Si no me mantengo ocupada, los recuerdos siempre vuelven. "¡Soltá!", me insistía la especialista. Pero todo vuelve a mí, atraído como imán. Todo cae sobre mí. Como yo misma caigo sobre la vida cotidiana con el desgano.
Pero me calmo. Apago la mente. Zen. Dejo que todo caiga por su propio peso. Me mantengo estática en el aire, buscando permanencia. Buscando encajar, intentando mejorar. Es lo que esperás de mí.

viernes, 26 de febrero de 2016

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 "Recurrir a ti, como última opción, casi en un llamado desesperado. He olvidado a qué he venido aquí. Y sé que no puedes ayudarme a recordar.

 Ha pasado mucho tiempo, pero en el último, no logro hacer distinción de lo que es realidad y las fantasías (de mi mente). Con la misma mano que me curé las heridas ayer es la misma mano con la que me vuelvo a herir hoy. Y todo resulta en un círculo, en una espiral.
 Cercanamente leí que la esperanza es anhelo de pasado o futuro que nos obstaculiza en vivir el presente. ¡Ja! La tan llamada "esperanza". Todos dicen gozarla, y que sin ella nada tenemos. He asegurado que con o sin ella, nada tenemos, de cualquier modo.
 Tomo el marcador del inútil lapicero. Lo aferro entre mis dedos y comienzo a garabatearlo todo, a proyectarlo de frases (más inútiles aún). En otro intento desesperado. Tampoco me sirve. Tampoco me ayuda. Dejo mis heridas plasmadas en pared. Sé que mañana no podré eliminarlas. Las dejo ahí, observándome, curiosas, ahora desde el exterior.
 Recuesto mi cabeza en la almohada. Rumeo en ella todos los esfuerzos del día, y logro sentirme a instantes cada vez más aplanado por la existencia. Los inductores de sueño no logran surtir su efecto. Intento desconectarme e introducirme en el mundo del descanso. Así entonces, vorazmente, las imágenes del dolor no dejan de azotar mi cráneo, como un recordatorio y como un puntapié hacia el abismo. Cuando despierto en exalto, me encuentro con la cara del desgano. En rara ocasión obtengo la paz momentánea al descansar, pero desearía que sea así siempre.
 Entonces, me cuestiono, ¿a dónde vamos cuando ya no podemos escapar? Cuando, en realidad, el escape no es la solución. Pero el enfrentar el todo es el tedio y la partición del ser, inmanejables oleadas de emociones tortuosas, casi inconcebibles.
 ¿Cómo era yo antes de todo esto? ¿Tal vez puedas ayudarme? Tal vez. ¿Puedes comprenderme? Lo harás. De lo contrario, no seguirías leyendo. Encontraste el hilo conductor. Aunque... piénsalo. Tal vez no debas seguirlo. Puedes encontrarlo en donde acaba.
 Las divisiones interiores me carcomen. ¡Una toma poder! Y hace lo que se le plazca. Al rato... ¡Hola! Surge la segunda, la que paga el precio de las acciones llevadas a cabo por la inicial. Ah... pagar el puto precio. Aún hoy lo continúo pagando, el precio demasiado alto, del padecimiento.
 Veo el mundo. Y no veo absolutamente nada. Acciones repetidas y egoístas aplacándolo todo, siendo absurdamente llevadas a cabo una y mil veces. Demasiados sinsentidos en un sólo vistazo. El vacío interior sólo se agrava paralelamente al desconcierto.
 No logro hallar gusto en nada y nada encuentra lugar a gusto en mí. Ni aquí, ni allá. Cáscara vacía de algo que alguna vez fue. O fui. Sí, eso creo. Aunque en verdad, no lo recuerdo.
  Nuevamente, mi breve lucidez se opaca.
 Nuevamente, he olvidado qué he venido a hacer aquí, contigo."

martes, 26 de enero de 2016

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Te quedaste en el tiempo y te seguí. También me quedé en el tiempo, con vos. Estancada.
Hace poco me di cuenta que tengo que avanzar, no puedo seguir ahí. Voy a seguir recordándote y viviéndote pero en otra medida (en una que no me haga daño).
Mi tiempo es hoy.

miércoles, 2 de diciembre de 2015

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La ironía.

Despedirse de alguien por última vez, en el mismo sitio donde la viste por primera vez, muchos años atrás, cuando no había daños hechos, ni camino recorrido. Donde jugábamos a ser dos extraños, y luego de a poco armábamos nuestros senderos. Hoy deconstruímos lo hecho. Eliminamos los logros. Y volvemos al punto inicial: ya no jugamos a ser dos extraños. Ya lo somos, sin más.

domingo, 8 de noviembre de 2015

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Otra vez la caída. El sentirse meciéndose en la nada. No quiero estar ahí.
Necesito subir.

sábado, 24 de octubre de 2015

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Sonaba una canción. La luz del día ingresaba como ninguna otra, lo resplandecía todo. Bajo el calor, un aroma embriagador. Un desliz.
El dolor jamás supo tan delicioso.

viernes, 23 de octubre de 2015

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"Cuando un hombre miente, mata una parte del mundo. Estas son las muertes pálidas a las que los hombre mal llaman "sus vidas". Ya no puedo cargar más con todo esto para seguir siendo testigo. ¿No puede el reino de la salvación llevarme a casa?."

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¿Cuáles son las verdaderas fases del dolor? ¿Hay alguna medicina para olvidar al final del camino? ¿Hay alguien por salvarnos? No, no, no... No te engañes.

Sos tu única salvación.

domingo, 4 de octubre de 2015

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No siento este dolor como punzante. Y no tengo miedo de enfrentar el resto del tiempo por mi cuenta.