(Las flores enredadas sobre el puente en Entre Ríos se secaron hace un tiempo, y ya nadie camina por debajo de él con sueños en el alma... Sino con deseos de volverse a encontrar, si no fuese enseguida, al menos en otros años, en otros tiempos, en otra vida, más viejos, más sabios, llevando en las espaldas el peso de los días vividos cargados con otras experiencias. Y así comenzar de cero, con una conversación leve, un despiste o tropiezo, un comentario, una charla fugaz en la acera de la calle de barrio. Como si nunca se hubiesen conocido antes en su vida, ni siquiera en un pasado muy lejano.)