viernes, 26 de febrero de 2016

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 "Recurrir a ti, como última opción, casi en un llamado desesperado. He olvidado a qué he venido aquí. Y sé que no puedes ayudarme a recordar.

 Ha pasado mucho tiempo, pero en el último, no logro hacer distinción de lo que es realidad y las fantasías (de mi mente). Con la misma mano que me curé las heridas ayer es la misma mano con la que me vuelvo a herir hoy. Y todo resulta en un círculo, en una espiral.
 Cercanamente leí que la esperanza es anhelo de pasado o futuro que nos obstaculiza en vivir el presente. ¡Ja! La tan llamada "esperanza". Todos dicen gozarla, y que sin ella nada tenemos. He asegurado que con o sin ella, nada tenemos, de cualquier modo.
 Tomo el marcador del inútil lapicero. Lo aferro entre mis dedos y comienzo a garabatearlo todo, a proyectarlo de frases (más inútiles aún). En otro intento desesperado. Tampoco me sirve. Tampoco me ayuda. Dejo mis heridas plasmadas en pared. Sé que mañana no podré eliminarlas. Las dejo ahí, observándome, curiosas, ahora desde el exterior.
 Recuesto mi cabeza en la almohada. Rumeo en ella todos los esfuerzos del día, y logro sentirme a instantes cada vez más aplanado por la existencia. Los inductores de sueño no logran surtir su efecto. Intento desconectarme e introducirme en el mundo del descanso. Así entonces, vorazmente, las imágenes del dolor no dejan de azotar mi cráneo, como un recordatorio y como un puntapié hacia el abismo. Cuando despierto en exalto, me encuentro con la cara del desgano. En rara ocasión obtengo la paz momentánea al descansar, pero desearía que sea así siempre.
 Entonces, me cuestiono, ¿a dónde vamos cuando ya no podemos escapar? Cuando, en realidad, el escape no es la solución. Pero el enfrentar el todo es el tedio y la partición del ser, inmanejables oleadas de emociones tortuosas, casi inconcebibles.
 ¿Cómo era yo antes de todo esto? ¿Tal vez puedas ayudarme? Tal vez. ¿Puedes comprenderme? Lo harás. De lo contrario, no seguirías leyendo. Encontraste el hilo conductor. Aunque... piénsalo. Tal vez no debas seguirlo. Puedes encontrarlo en donde acaba.
 Las divisiones interiores me carcomen. ¡Una toma poder! Y hace lo que se le plazca. Al rato... ¡Hola! Surge la segunda, la que paga el precio de las acciones llevadas a cabo por la inicial. Ah... pagar el puto precio. Aún hoy lo continúo pagando, el precio demasiado alto, del padecimiento.
 Veo el mundo. Y no veo absolutamente nada. Acciones repetidas y egoístas aplacándolo todo, siendo absurdamente llevadas a cabo una y mil veces. Demasiados sinsentidos en un sólo vistazo. El vacío interior sólo se agrava paralelamente al desconcierto.
 No logro hallar gusto en nada y nada encuentra lugar a gusto en mí. Ni aquí, ni allá. Cáscara vacía de algo que alguna vez fue. O fui. Sí, eso creo. Aunque en verdad, no lo recuerdo.
  Nuevamente, mi breve lucidez se opaca.
 Nuevamente, he olvidado qué he venido a hacer aquí, contigo."