Cada vez me cuesta más expresar cómo me siento. Estoy trabada de hace bastante. Incluso cuando me siento tan bien, me anulo. ¿Qué es lo que pasa en mí, que no me deja ser? ¿Qué es lo que tengo que lograr? ¿A dónde es que tengo que ir? ¿Hay algo que no estoy viendo?.
Entonces, simplemente, no pienso. Mis días transcurren en una nube completa de nada, vagando. Esperando algo (me desespera no saber qué es). Prácticamente no escribo. Abandoné todo lo que de forma rutinaria hacía, y me dedico a no hacer nada. A veces paso largos ratos mirando el techo, o un punto fijo. Sin pensar en nada más. La cabeza tan en blanco que me sorprende. Siento que no estoy viviendo. Me la paso en estado de suspenso.
Todo luce tan lejos, ¡me duele!. Sin embargo, estoy mejor que ayer. El ayer fue cruel y despiadado, kármico, mas hoy estoy de pie (después de arrastrarme tantos años).
Me pican todas las cicatrices del cuerpo. Ellas, y aunque algunas muy viejas, siguen curando. Como si mi cuerpo se encargara de hacer doble trabajo: enmendarme por fuera - enmendarme por dentro. Es ahí cuando empiezo a tirar de las cicatrizantes heridas. Vuelvo a tirar de la piel generada, hasta que la sangre vuelve a brotar. Por dentro, se siente igual. Cuando estoy bien, las heridas se vuelven a destapar. Lo siento. Me quema. Me deshace. Para volverse a generar.