La ironía.
Despedirse de alguien por última vez, en el mismo sitio donde la viste por primera vez, muchos años atrás, cuando no había daños hechos, ni camino recorrido. Donde jugábamos a ser dos extraños, y luego de a poco armábamos nuestros senderos. Hoy deconstruímos lo hecho. Eliminamos los logros. Y volvemos al punto inicial: ya no jugamos a ser dos extraños. Ya lo somos, sin más.