martes, 28 de enero de 2014

Él, gris.

El chico de los ojos avellana. Manos tan suaves como una dulce melodía. La estatura casi perfecta. Con sueños listos en la mente. Remera oscura y cabello enrulado. Audaz. Sonrisa que te distraía del mundo alrededor.
Y nada podía salir peor. Era la receta justa para la destrucción. Amargos y oscuros secretos. El vacío. Frío helado. Palabras punzantes, dolorosas. Insensible a casi todo. No podía querer, tampoco a sí mismo. Era la tormenta en persona.
Una persona atormentada.