Fui feliz. Y pasé los mejores años de mi vida. Suena fatalista incluso escribir esto, teniendo en cuenta que no cumplí ni los 20 años aún. Pero fui tremendamente feliz. Y me alegro de haber aprendido a los 17, 18 años cosas que la gente se da cuenta a los 40, a los 50.
Saboreé los momentos. Me escapé. Me arriesgué a sentir. Me lancé a la aventura con miedo pero con los ojos abiertos. Dejé que la adrenalina corrompa mi cuerpo por completo. Siento que viví lo que tenía que vivir. Tuve mis años de oro, "los años vividos". Haberme arriesgado fue lo mejor que pude haber hecho. Fue salir del cascarón, de la nube, de la burbuja en la que vivía con tanto pánico. Salir a la vida es maravilloso. Tomé grandes decisiones. Y de las malas quiero seguir aprendiendo cada día que me quede. Tengo los mejores recuerdos. Los mejores. Y me encantaría contarlos siempre. Grandes anécdotas y ratos. Quiero que todos lo sepan. Quiero que sepan que con algo tan simple como una mirada sí se puede ser feliz. Con un instante. Con 5 segundos de tomar de la mano a alguien que quisiste con todo el corazón. Sólo 5 segundos. Un momento fugaz. Y aseguro que así jamás vas a olvidarte de su calor.
No se arrepientan de arriesgarse. Por favor, salgan, vivan, rían, jueguen, trepen, escapen, huyan, lloren, griten, pataleen, amen, besen, sientan. Sientan la vida. Sientan todo. Déjense llevar. Deténganse un momento y disfruten. Saboreen las carcajadas, saquen fotos, escuchen música mientras toman una cerveza o fuman, piensen, maravillense con la belleza de sentir. De vivir. De llevarse y cargar experiencias y momentos tan gratificantes, tan memorables.
Y todo gracias a que se arriesgaron y vivieron los mejores años.