martes, 24 de diciembre de 2013

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Nadie va a entenderme nunca, realmente. No saben lo que se siente. Prefieren tildarme de "caprichosa" o "exagerada" antes de escuchar lo que tengo para decir, lo que grita mi alma. Porque claro, ante los ojos de los demás, eso no importa, son cosas mínimas, carentes de importancia, "cosas de la edad". Es por esas cosas que muchas veces (la mayoría de las veces) opto por callarme, guardarme todo lo que me pasa, y descargarlo conmigo misma, de mil y una formas (negativas). Y después no puedo abrirme con nadie más, aunque me digan "contame, yo te escucho...". Aunque sean la excepción. No puedo, ya para ese entonces no me sale decir nada. Me ahogo en lo que me pasa. Me asfixio. No sé. No pueden entenderme. No pueden entender por qué no puedo abrirme con ellos, y algunos se molestan, o se entristecen, o se preocupan por demás, y me terminan diciendo cosas como "enfocate en positivo/salí adelante/vos podés todo". Pero ellos no saben. Ellos no saben nada.

Por favor, no me sirve que me extiendas la mano si no me vas a aferrar con toda la fuerza del mundo.