Sin querer (no sé) me topé con una foto tuya.
Se me cayó el mundo encima.
Pero inmediatamente me golpeó otro sentimiento, otra sensación, otro pensamiento.
Te vi y supe, supe que entre nosotros hubo algo más. Hubo un todo. Hubo un algo. Aún hoy persiste y lo va a seguir haciendo. Entre nosotros hubo más de lo que se vió, de lo que nosotros mismos vimos y vivimos. Así también, me doy cuenta de lo que te llevaste de mi. Veo tu mirada en la foto y se reitera en mi la sensación de vacío (porque te llevaste tanto, tanto de esta persona). Algo mío quedó en vos. Sé que lo tenés. Está con vos donde quiera que estés. Por eso me guías. Me tenés con vos. "No te voy a olvidar nunca", y te creo como te creí todo. Te creí y te creo todo lo que me reste de vida.
No tengo ganas de aguantar más. No tengo ganas de seguir más. Pero cuando alzo la vista noto que la vida, por algún motivo, me dió/me da otra oportunidad. De no bajar los brazos. Siento algo que me dice que no desista, que ni se me ocurra desistir (pero se me hace tan difícil. Me deshago). Quiero tirar todo. No quiero seguir colgando de la cuerda. Quiero soltarme. Necesito soltarme. (-No lo hagas. Seguí. Vos seguí. No sabés lo que se viene. Aguantá. Sé fuerte. Salí y sonreí. Salí y viví.- escucho).
Pienso que mi auto-terapia no está siendo muy efectiva, entonces continúo solo aferrándome a esa leve voz que oigo cada vez que me encuentro mirando al piso lleno de lamentos intentando encontrar una razón para seguir existiendo y pasando por la esquina de mi casa sin tomar tu mano ni darnos un beso o mirarnos a los ojos. Lo esencial de mi existencia y de mis días.
Todo se va. Todo se fue.
Pero vos de mi cabeza, no.