domingo, 4 de mayo de 2014

# Aquellos destellos

No fueron más que una breve risa en una noche iluminada, en el medio de la ciudad, las calles saturadas de ánimos nocturnos. Bailaban al ritmo de una sorda danza interior, llena de esperanzas pero no de futuro. Quién les hubiese dicho que nada podría funcionar, que sólo les aguardaba el vacío. Pero se buscaron en cada estación del año, sin importarles el inminente final desconocido. Más y parecía que las luces nocturnas les enceguecían hasta el pensamiento. Envenenados pero felices. Miradas furtivas y roces leves. Un abrazo sorpresivo y un beso tibio y silencioso. Como si no pudiesen soltarse del todo de las cadenas de la timidez y la inocencia. Si al fin y al cabo tan sólo eran niños. Jugaron y corrieron, rieron y gritaron, también lloraron y tal vez llegaron a odiarse. Pero volvían al punto inicial, y más tarde continuaban con sus reproches. Como círculo vicioso. Envenenados, drogados. Que no querían recuperarse, ni rehabilitarse. Y eso, jamás podía acabar bien... Pero no habían de saberlo, en ese entonces.