Uno se asombra cuando vas recorriendo el camino nuevo. Al principio, no querías. "¿Por qué tengo que cambiar de camino? No puedo cambiar de camino. Me quiero quedar acá". La absoluta negación y uno cree en la imposibilidad, "no trascenderé". Cuando llegás a cierto punto culmine, ahí te das cuenta que no hay otro modo, y de repente te encontrás día a día encarrilandote en las nuevas vías. Aunque no querías, ahí está, ves como vas asentándote y avanzando de manera sumamente lenta. "¡Sumamente lento! Voy a regresar". Lento no significa parar. Y volteás la cabeza hacia atrás, queriendo meter la mano en la puerta entreabierta por la que saliste. Pero la puerta ya se selló. Es que una vez que tocás fondo el camino de salida es siempre hacia adelante/arriba, las aguas se van calmando y te vas meciendo cada vez mas suave como un bebé en brazos.
Y te vas asombrando. El camino nuevo presenta nuevas hazañas y desafíos, pero ya no los sentís tan agónicos como los anteriores que pasaste. Es que ahora trascendiste. Vas entendiendo mejor como afrontar las cosas, cómo manejarlas, y te vas maravillando por cosas más pequeñas cada vez. Cuando caíste dolió como mil infiernos, pero acá estás, y estás aprendiendo cada vez más. Y mejor. Te estás convirtiendo en alguien mejor, porque vos mismo te mentalizaste en que ningún cambio es imposible en lo absoluto y que todo lo podés hacer, te enfocaste. No lo estás logrando: lo lograste. Alzar la vista y echarse una sonrisa: quién pudiera ser todo de lo que estás hecho hoy.