miércoles, 8 de octubre de 2014

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"Sentía el peso de todo sobre mí. No quería, pero era inevitable. Y era tanto peso que yo, como persona, ya no era sino más que la mismísima mochila de problemas que cargaba.
Y entonces todo comenzó a girar, Bueno, claro que producto del alcohol y las sustancias en mi cuerpo. El consumo de bebidas abrieron paso a la experimentación con otras drogas. Más que una salida a mis problemas, era algo que no controlaba: veía mi oportunidad y casi sin dudarlo me lanzaba a aprovecharla. No es que me sentía mucho mejor por drogarme, de hecho, no lo hacía, la mochila seguía ahí (inútilmente pensaba que cada vaso de alcohol o droga psicodélica iba a ir matando de a poco mis problemas). Y entonces ya no pasaba tiempo en mi casa (de hecho, por las noches no volvía). Me veía con alguien, luego con alguien más, luego con otra persona más (quizás, en un mismo día), pero jamás me iba del encuentro con las manos vacías: un poco de marihuana por acá, un poco de alcohol por allá, a veces lsd. Y ya no era de noche, sino a plena luz del día, en la calle. No es que me sentía muy orgulloso de mis actos o del estilo de vida que comenzaba a llevar, simplemente no lo controlaba. Lo hacía, no lo pensaba. No sé siquiera si me importaba. Me gustaba sentirme... distinto. Volado. Alucinado. Quería que todo me importase una mierda. Y quizás realmente estaba sucediendo."